domingo, 20 de marzo de 2016

ESCUELA DE PADRES con Mindfulness, Inteligencia Emocional y Neurociencia. 
EDUCAR CON CORAZÓN Y CON CEREBRO

¡Gracias infinitas por vuestros comentarios y por compartir una parcelita de vuestra intimidad a través del blog! GRACIAS

La imagen es dura, muy dura.... pero, es tan real!
¡Cuánto daño pueden hacer las palabras!
Hablamos de forma automática, sin pensar demasiado en las palabras que usamos.
Hablamos con prisas para expresar todo lo que necesitamos expresar.
El problema es que todas esas palabras no caen al vacío, no se las lleva el viento. Todas esas palabras dejan huella en el cerebro del que las recibe, sobre todo si éste es un niño con un cerebro en formación. ¡Una vez que lo dijiste, lo dijiste! Las palabras tienen poder...

Es importante poner atención y conciencia en las palabras que usamos y en nuestra forma de hablar.  Deshacer nuestros patrones automáticos y hacer patrones nuevos que no sean dañinos.
Para esto, es necesario mucha disciplina y paciencia. Cambiar un hábito por otro es un trabajo de días, días y días.... pero el resultado es muy gratificante! ¡Merece la pena el esfuerzo!


Palabras dañinas son, por ejemplo: 
- Eres: cuando hablamos en términos del SER tanto en negativo ("eres un maleducado", "eres torpe", "eres vergonzoso"), como en positivo ("eres inteligentes", "eres bueno"), dejamos huellas cerebrales que van directamente al concepto que tiene el niño de sí mismo. El niño se va definiendo según como su entorno lo va definiendo, de tal forma que estas palabras acaban convirtiéndose en realidad. Un niño que de forma repetida escucha que "es un trasto", acabará convirtiéndose en un trasto. Y esto no es magia.... Es neurociencia. La palabra ERES acaba enjaulando a la persona en una etiqueta. Os invito a leer la entrada que escribí acerca de Eva la vergonzosa.

Sólo un poco de conciencia permite transformar esta forma automática de hablar en otra mucho menos dañina: "Cuando estás aburrido, no paras quieto y tocas todo lo que está a tu alcance". De esta forma, nos referimos a la conducta y no a la identidad del niño. No se trata de no decir las cosas, las conductas que consideramos inadecuadas, deben ser recriminadas pero de tal forma que no se haga daño.
Al principio esta transformación del ERES a la descripción de la conducta, es difícil y cuesta más trabajo. Pero, poco a poco, esta nueva forma de hablar se irá convirtiendo en el nuevo hábito y el antiguo desaparecerá.


- Siempre /Nunca: cuando hablamos en estos términos tan extremos, generalmente estamos equivocados (rara vez SIEMPRE o NUNCA alguien se comporta de determinada manera) y además no damos posibilidad de cambio. De nuevo, se transforma en una etiqueta que enjaula en la no posibilidad de cambio "Cómo siempre te comportas de esta forma, no creo que puedas cambiar".

Además, así como les hablemos a nuestros niños se acabará convirtiendo en su diálogo interior y dirán cosas como "Nunca me sale nada bien" ¿¿¿Nunca??? Un poco extremo, ¿no?
Podemos hablar en términos de  "Últimamente", "estas 3 últimas veces", "la última vez"...

- Culpa: "Por tu culpa", "Es tu culpa". La culpa solo sirve para hacer sentir MAL y REMAL al otro y ex CULPARSE a uno mismo. 
 











Me encantó la imagen que nos pusieron en un curso, de una mano señalando al culpable, con la que nos explicaron que cuando culpamos a alguien de algo, 2 dedos señalan al otro y 3 dedos te señalan a ti. 

Si en lugar de culpa, hablamos de RESPONSABILIDAD, todo cambia. Responsabilidad se define como la "habilidad para responder".Todo acto tiene consecuencias. Al convertirse uno en responsable de sus actos (y enseñar a nuestros niños a ser responsables de sus actos, palabras...), repara los daños producidos o se siente orgulloso de los beneficios producidos.
¡No somos culpables, pero sí somos responsables!


Una manera de poner  atención y conciencia a nuestras palabras y a nuestra forma de hablar, es haciendo el juego de las 3 puertas de Socrates.
Un día un conocido se encontró con Socrates y le dijo: ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?. Espera un minuto, replicó Sócrates. Antes de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
¿Triple filtro ? , preguntó el otro .
Correcto, continúo Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el “Examen del triple filtro ”

1. El primer filtro es la VERDAD.  
¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto? 
No, dijo el hombre, realmente sólo escuche sobre eso y ...
Bien, dijo Sócrates, entonces realmente no sabes si es cierto ó no. 

2. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la BONDAD.
¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo ?
No, por el contrario …
Entonces, deseas decirme algo malo de él, pero no estás seguro que sea cierto.

3. Pero aún podría querer escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la UTILIDAD
¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo ?
No, la verdad que no. 
Bien, concluyó Sócrates. Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil, ... para que querría yo saberlo ?

Con los niños, este juego de las 3 puertas les hace mucha gracia y les permite poner mucha conciencia a sus palabras y comentarios. Además, ellos también lo usan con nosotros, los adultos, para corregirnos. ¡¡A mí, me han pillado, más de una vez!! jajajaja...
Os animo a dibujar las 3 puertas y ponerlas en algún lugar visible del hogar, para así siempre tenerlas en cuenta.






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