jueves, 3 de noviembre de 2016

Escuela de padres on line, educar con corazón y con cerebro.
Neurosicoeducación.


El tema para pensar de la escuela de padres on line de estas semanas era esta pregunta:

"Qué pasa si la pregunta no es
¿Por qué soy tan pocas veces la persona que realmente quiero ser?
si no,
¿Por qué quiero tan pocas veces ser la persona que realmente soy?"
Oriah Mountain Dreamer



¿En qué se diferencian estas dos preguntas?

  • La primera pregunta parte de una insatisfacción, de una necesidad de cambio de lo que es y de lo que soy. Parte de un ideal, de unas expectativas de cómo YO debería ser para quererme, para ser feliz....Nos lleva a la incesante búsqueda de ese YO ideal.

  • La segunda pregunta nos plantea otra alternativa. La alternativa de la aceptación. Aceptar lo que ya somos. Convertirnos en nuestros mejores amigos. Conseguir estar satisfechos con lo que ya somos. En lugar de intentar mejorar, cambiar o eliminar algo de nosotros y volvernos mejores, nos invita a  empezar a interesarnos por nosotros mismos y aceptar lo que somos, integrar nuestras sombras y nuestras luces. Y, no solo se trata de aceptación, también  de compasión. Llegar a desarrollar un sentido de compasión (de amor y bondad incondicional) por todo cuanto somos y cuanto nos sucede.

Pema Chödrön expresa de maravilla esta idea en su libro La Sabiduría de la No-Evasión:
"Lo esencial es que nuestra verdadera naturaleza no es un determinado ideal que hayamos de alcanzar. Es simplemente lo que ahora somos, y esto es aquello con lo que podemos trabar amistad, aquello que podemos celebrar".
Y, añade, en otra parte del libro: "el deseo de cambiar es básicamente una forma de agresión contra uno mismo".


La pregunta que subyace en el fondo es ¿Quién soy?

Para conseguir esta aceptación y esta integración de nuestras sombras y luces, debemos iniciar un viaje interior de autoconocimiento. No intentamos ser algo que no somos, sino que estamos redescubriéndonos, conectando de nuevo con quien somos. Buscamos llegar a conocer nuestras fortalezas y virtudes, y también nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros defectos, nuestros hábitos de pensamientos incómodos, nuestras reacciones impulsivas, nuestra arrogancia. E iniciar el proceso de hacernos amigos de nosotros mismos, aceptando tanto las partes que nos gustan como las que no.


Y, en el fondo de lo que se trata es de averiguar qué es ser un ser humano. Empezar a darnos cuenta de la similitud de los seres humanos. Compartimos todo lo que son los demás.
Tenemos todos un cerebro primitivo cuya función principal es sobrevivir ¡caiga quien caiga!
Hacernos amigos de nosotros mismos, nos lleva a hacernos amigos de los demás. Cuando logramos experimentar hacia nosotros mismos ese sentimiento de bondad y de aceptación incondicional, este sentimiento se amplía hacia los demás. Juzgar o criticar al otro o a uno mismo pierde su sentido...Nos equivocamos y provocamos sufrimiento a los demás porque somos seres humanos. Somos todos iguales y hacemos todos lo que podemos con el cerebro que tenemos. Desarrollamos una total aceptación hacia todas las situaciones, conductas y emociones nuestras y del resto de las personas.

No buscamos con esto justificar nada, simplemente comprender y aceptar. Y desde este nuevo estado de comprensión y aceptación, de amor compasivo por uno mismo, podemos elegir libremente qué cambiar, elegir qué "alimentar"con nuestra atención y nuestros pensamientos (aquello que nos hace felices) y qué "dejar ir" (aquello que produce sufrimiento). Educamos así, poco a poco, a nuestro cerebro para ser más feliz.


¿Por dónde empezar? ¿Cómo hacer este camino de autoconocimiento y de autocompasión?
No hay un camino. Hay muchos caminos.
Uno de ellos es el camino de la meditación.
La práctica de la meditación nos invita a observar todo cuanto existe en nuestra mente, tanto las luces como las sombras. No se trata de rechazar nada, ni de cambiar  nada, ni de intentar ser una persona mejor, sino de observarlo todo tal como es, observar nuestras reacciones habituales, nuestros hábitos de pensamiento, nuestras emociones. Observarlos con una actitud de aceptación, de amabilidad y de bondad. Aceptar todo, aceptar nuestra condición humana. Con mucha bondad, con mucho amor.

Comparto una meditación guiada que nos invita a observar y aceptar todo lo que ocurre en nuestra mente:
MEDITACIÓN GUIADA:  PENSANDO (LINKDuración 10 minutos
Esta meditación en la que etiquetamos los pensamientos como "pensando" es muy poderosa. Con la práctica y el entrenamiento, aprendemos a observar y aceptar nuestra mente y los pensamientos que en ella aparecen de forma automática con mucha bondad y amabilidad y aprendemos a no quedar atrapado por ellos, no sólo mientras realizamos la meditación, sino también en nuestro día a día, en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.


¿Cómo fomentar esta autoaceptación y autocompasión en nuestros niños?

  • Nuestra responsabilidad como educadores.
Durante nuestra infancia, ¿nos han querido tal como eramos o nos reprimían y nos castigaban por ser cómo eramos?
En nuestra infancia no sabemos quién somos hasta que lo aprendemos de quienes nos rodean (padres, profesores, amigos). Los adultos que nos rodean, a través de sus palabras y de sus no palabras (comunicación no verbal, gestos, miradas...) van forjando nuestra identidad.
Desde pequeños tenemos una necesidad: sentirnos queridos y aceptados y actuamos con este objetivo. Si no nos sentimos queridos o aceptados tal como somos, hacemos todo lo posible por cambiar. Creamos un nuevo personaje, una nueva máscara para que papá, mamá, nuestros educadores nos quieran.....Y, cuando crecemos, durante la adolescencia, buscamos pertenecer al grupo y sentirnos queridos por el grupo. Y ¿qué no hacemos para conseguir nuestro objetivo?

Es importante no perder de vista nuestra gran influencia en la creación del autoconcepto de nuestros hijos. Tanto a través de nuestra comunicación verbal como a través de la no verbal.
¿Cómo reaccionamos a los errores de nuestros hijos? ¿Cómo reaccionamos cuando nuestros hijos reaccionan de forma inadecuada, rompen o pierden algo? ¿Con una actitud castigadora, de rechazo?, o ¿con una actitud de aceptación y comprensión de lo que es ser un ser humano?
Puede haber (y debe haber) enfado, puesta de límites y consecuencias, por supuesto. Pero con qué actitud, con qué tono, con qué palabras, con qué mirada ponemos esas consecuencias y nos enfadamos. Porque esta actitud, provoca un gran cambio en nuestro hijo. Esta actitud, se convertirá en su voz interior cuando se haga mayor. ¿Cómo será esa voz? ¿Cómo se tratará a si mismo cuando se sienta inadecuado, se equivoque, se frustre, o fracase? ¿De forma castigadora y exigente o de forma compasiva?

Y, a la vez, no debemos perder de vista nuestra imperfección humana, no debemos perder de vista que nos equivocamos, no debemos perder de vista nuestra propia autocompasión y autoaceptación incondicional.
Si no ¡Vaya incoherencia!
Con nuestros hijos nos vamos a equivocar tantas y tantas veces.... Somos también seres humanos. Y, en muchísimas ocasiones tendremos esa actitud, esa mirada, ese tono de reprobación y de rechazo hacia ellos.... Y, en estas ocasiones, es donde es tan necesaria esa aceptación y bondad incondicional hacia nosotros mismos. En lugar de castigarnos por habernos equivocado, darnos afecto y comprensión. Solo así, solo a través de nuestra propia aceptación, a través de la aceptación de nuestros defectos y nuestras debilidades, será como podamos llegar a aceptar de forma incondicional a nuestros hijos y a los demás, en sus virtudes y en sus defectos.
Y, en este camino de aprendizaje mutuo y de autoconocimiento, les podemos pedir ayuda. ¡Esto les encanta! ¡El sentirse partícipes y responsables les encanta!

  • La responsabilidad de nuestros niños
Debemos transmitir este conocimiento y esta habilidad de responder con aceptación y bondad ante los errores a nuestros niños desde que son pequeños. Sólo si tienen este conocimiento, podrán ser responsables.

¿Cómo transmitirles la importancia de la autoaceptación y de la autocompasión?
¡¡A ser autocompasivo se aprende!!

1. A través de los cuentos. 
  • Remito a la entrada de este blog en el que hablé de la aceptación y de cómo trabajarla con los niños a través de los cuentos. Emocionario, LA ACEPTACIÓN  (LINK)

  • Para niños a partir de 6-7 años, hay una divertida colección de libros, JUNIE B. JONES de Barbara Park, que trata con mucho humor las aventuras y desventuras de esta niña en el colegio y con su familia.
El libro que trata del tema que nos interesa aquí es Junie B. Jones y Warren el superguapo.

Fijaros el magnífico consejo que le da la madre a su hija:
"Escúchame. Junie B. y escúchame bien. Para hacer amigos no se necesitan vestidos nuevos ni zapatillas con rayos. Para hacer amigos lo que se necesita es ser simpático con ellos. Y ser amable. Y preocuparse por los que les pasa. Y también es muy importante ser honrado. Tienes que ser honrada con la gente. Y eso significa que no debes engañarles. No debes hacerles creer que eres diferente de como eres en realidad. Tú no eres como Lucy, Juni B. Y tampoco eres como Claudia. Tú eres tú, y ya está. Eres Junie B. Jones"
¡¡¡QUÉ MARAVILLOSO CONSEJO!!!

  • Otro cuento magnífico para niños algo más mayores (a partir de 8-10 años) es el de SONRÍE de Raina Telgemeier. 
Tiene formato cómic.
Trata de las vivencias de una adolescente a la que van a poner un aparato en los dientes. Aparecen el rechazo, la vergüenza.....hasta la aceptación.



2. A través de vídeos.
Comparto un pequeño vídeo que está en youtube, THE FLY (LINK)

 Este vídeo permite apreciar a la perfección la diferencia entre estas dos actitudes:
- Resistencia a lo que es o
- Aceptación a lo que es.

En este caso no habla de la aceptación a uno mismo sino a lo que nos rodea, pero puede servir como introducción para hablar de ambas cosas.

Se puede usar este vídeo incluso con pequeños de 6- 7 años. Lo entienden perfectamente y permite introducir todos estos conceptos de una forma más lúdica.
Y, con los adolescentes, con este vídeo el éxito está garantizado.


3. A través de la práctica informal de la bondad amorosa o de la autocompasión
Se trata de ir entrenando el musculo de la atención afectuosa hacia nosotros y hacia todo aquello que la vida nos ofrece.
Cada vez que nuestros hijos, alumnos o nosotros mismos nos equivoquemos, nos sintamos inadecuados, fracasados o con vergüenza, hayamos metido la pata, sintamos arrepentimiento....nos decimos estas tres frases:

"Esto que estoy sintiendo duele, es una emoción dolorosa.
Soy un ser humano y como tal, me equivoco/fracaso/meto la pata
Que yo sepa aceptarme tal como soy y tratarme con cariño en estos momentos de sufrimiento"

Estas 3 frases tienen el poder de cambiar nuestra perspectiva y de cambiar nuestro estado de ánimo. Son semillas de bondad y de autocompasión. Ya no se trata de castigarnos por habernos equivocado. Se trata de darnos cariño porque estamos sufriendo. Nuestro diálogo interno ante situaciones de fracaso, de error (y el de nuestros hijos) cambia.

Estas 3 frases no salen de forma innata. No venimos programados para que salgan espontáneamente. Al principio tenemos que hacer un esfuerzo, forzar su aparición de forma intencional, hasta que se acaben convirtiendo en un hábito. Al principio pueden sonar hasta ridículas pero a la larga traen sus frutos... La voz interna cambia....

Las frases se pueden cambiar según las circunstancias. Cada uno elije las palabras que más necesite en ese momento. También sirven para situaciones de baja tolerancia a la frustración de nuestros niños. Cuando algo no les sale como ellos querían y se enfadan mucho contra ellos mismos.

Para hacer más participes a nuestros niños, les podemos pedir ayuda. Cada vez que papi, mami, o alguien se equivoque, y a nosotros se nos olviden las frases, les pedimos que nos las recuerden. De tal forma que si en algún momento ellos se equivocan, se frustran, pierden el jersey recién estrenado.... y a nosotros nos pilla ese mal día en que sale nuestra peor versión, ya estará nuestro hijo atento para pararnos y ayudarnos a reconducirnos gracias a estas 3 frases.
A los niños les gusta también asociar estas frases a un gesto: llevarse las manos al corazón, acariciarse la mano, darse un abrazo, unir ambas manos... Cada uno puede tener su propio gesto o se puede elegir uno en común para toda la familia o toda la clase. De esta forma, al principio, haremos el gesto a la vez que decimos las frases y llegará un momento en que ya no se necesiten las frases, sólo la realización del gesto.

¡¡Usaremos todo esto en nuestro próximo Reto quincenal Mindfulness en Familia!! ¡No te lo pierdas!

Y, si quieres saber más de Mindfulness, Inteligencia Emocional y Neurociencias y cómo compartirlo con tus hijos y/o alumnos a través de juegos y material manipulativo, no te pierdas el CURSO ON LINE  "Aprende Mindfulness, Inteligencia Emocional y Neurociencias Jugando y Manipulando" (LINK)



* Entrada inspirada en el libro La Sabiduría de la no evasión de Pema Chödrön y en el programa MSC (Mindfulness Self Compassion) de AEMIND (Asociación Española de Mindfulness y Compasión)

2 comentarios:

  1. Que post más bonito Ines. Que bien explicado y con que amor lo tratas. Como siempre es un placer leerte! Muchísimas gracias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias a ti por leerlo y compartir tu sentir! GRACIAS!!!!!

      Eliminar