domingo, 24 de abril de 2016

ESCUELA DE PADRES ON LINE, EDUCAR CON CORAZÓN Y CON CEREBRO (Educación emocional, Neurociencia, Mindfulness)

Vídeo El ABRAZO:
https://youtu.be/OlldI-gu8So 

¡Qué interesantes todos vuestros comentarios acerca de lo que este vídeo os ha transmitido a vosotros y a vuestros niños! MUCHAS GRACIAS!!

La respuesta colérica a la colera es una respuesta inconsciente, automática y muy humana.
Cuando alguien nos lastima o lastima a un ser querido ¿qué sentimos? ¿Cuál es nuestra reacción inmediata? ¡Venganza¡ Deseamos que ese alguien sufra....Cuando sufrimos, culpamos a la otra persona de habernos hecho sufrir y deseamos castigarla. Tendemos a decir o hacer algo en respuesta para hacerle sufrir con la esperanza de que esto, nos aliviará....
Y, ¿qué les decimos a nuestros hijos?... "¡Tú no pegues! PERO ¡si te pegan, pega!"

Cuando, en realidad, esa cólera, es ante todo, un problema nuestro, que no tiene nada que ver con el otro. Nosotros somos los principales responsables de ella.

La venganza es una respuesta muy humana y tiene una explicación neurocientífica. Nuestro cerebro no ha evolucionado prácticamente. Seguimos con un cerebro que cree que vive rodeado de leones. Está preparado para reaccionar ante estas amenazas de forma impulsiva, automática, rápida y violenta. Somos humanos y nuestro cerebro viene así programado...para sobrevivir.


La venganza es una respuesta muy humana, pero ¿a dónde nos conduce?
Una respuesta enojada conduce solamente a más cólera. Produce sufrimiento en el otro y en nosotros mismos. Cuando nos hacemos conscientes de que el odio solo genera más odio, nos empezamos a plantear maneras alternativas de gestionar el enfado, la cólera, la ira, el odio.
¿Habrá un acto más valiente y difícil que abrazar "al enemigo"?
Ser capaces de darnos cuenta de la ira que surge en nosotros a raíz de los comentarios o actitudes del otro, ser capaces de darnos cuenta de todos los pensamientos de venganza, de injusticia, de impotencia, de enfado que pueden aparecer en nosotros (somos humanos) y ser capaces de hacer STOP.
Un simple STOP.

Un STOP para respirar. Un STOP para recordarnos que hay caminos alternativos a los automáticos e inconscientes que nuestro cerebro trae de serie....Caminos que nos van a llevar a sentir mayor felicidad y que pueden incluso contagiar al otro....
Podemos cambiar nuestras respuestas habituales. Podemos entrenarnos para reaccionar en forma diferente.

¿Qué camino alternativo elegir? Hay muchos.... Según la situación, nuestro momento vital, nuestro temperamento, nuestras experiencias, usaremos unos u otros.
Aquí propongo uno. Uno difícil. Uno entrenable. Uno que aporta gran satisfacción personal.
Responder al enfado con amor... Elegir el camino de la comprensión y la paciencia frente a quien se muestra enojado. 



¿Acaso responder con amor significa que tenemos que aceptar todo lo que hacen los demás? ¿Acaso dejamos que todos pasen por encima de nosotros en nombre del amor?
!NO¡
No quiere decir que ignoramos las acciones inhábiles y automáticas (y humanas) de los demás. Es fundamental saber poner límites a conductas dañinas, a personas tóxicas...
Simplemente quiere decir que respondemos a tales acciones de forma apropiada para ser más feliz (y no desde la reacción impulsiva)

Cuando una persona habla llena de enfado, llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y, al estar sufriendo tanto, se llena de amargura y de quejas, y está dispuesta a culpar a los demás de sus problemas. Cuando alguien nos insulta o se conduce de manera violenta con nosotros, hemos de ser conscientes que esa persona está sufriendo por culpa de su propia ira o violencia. Los seres humanos no son nuestros enemigos. Nuestro enemigo no es la otra persona, sino la violencia, la ignorancia y la injusticia que hay en nosotros. El entendimiento de nuestra humanidad imperfecta, de nuestro cerebro preparado para sobrevivir y no para ser feliz, de nuestra psicología humana, de nuestra humanidad compartida, nos ayuda a relacionarnos con otros en forma más amistosa. Nos tornamos más hábiles en ver las acciones de los demás en una forma más compresiva. En lugar de ver las diferencias, todo aquello que nos separa, debemos enseñar a nuestros niños a observar las similitudes, a darse cuenta de todas aquellas cosas que nos hacen iguales los unos a los otros, que nos hacen humanos, que nos unen. "En esta ocasión, eres tú el que me hablas mal, pero yo no estoy libre de, bajo otras circunstancias, hablarte mal a ti en otro momento"
En este sentido comparto un párrafo precioso del libro El Corazón de las enseñanzas de Buda de Thich Nhat Hanh:
"La primera vez que probé galletas de mantequilla de cacahuete fue en el Tassajar Zen Mountain Center de California y me encantaron. Aprendí que para hacerlas debes mezclar los ingredientes para preparar la masa y después con una cuchara poner cada galleta en una bandeja. Me imaginé que cada vez que la galleta abandona el bol de la masa para descansar sobre la bandeja empieza a considerarse una entidad separada. Tú, el creador de las galletas, comprendes mejor la realidad y sientes una gran compasión por ellas. Sabes que todas son una, y que incluso ahora, la felicidad de cada galleta sigue siendo la felicidad de las otras. Pero han desarrollado una "percepción discriminativa" y, de repente, levantan barreras entre ellas. Cuando las metes en el horno empiezan a decirse: "Apártate, yo quiero estar en medio". "¡Yo soy tostadita y bella, pero tú eres feísima!" "Por favor, ¿puedes extenderte un poco en esa dirección?". Somos como las galletas, creemos ser entes separados y nos enfrentamos los unos a los otros, cuando en realidad todos estamos hechos de la misma masa" (todos tenemos el mismo cerebro, todos somos seres humanos buscando ser felices)















Y, un magnífico vídeo, también de Thich Nhat Hanh: https://youtu.be/9ORzDVGhusY

"... Lloramos todos con las mismas lágrimas,
soñamos todos de la misma manera,
por mucho que traten de mostrarnos diferentes,
somos mas parecidos de lo que creemos."
J.M. Serrat

Todos los seres humanos tenemos una necesidad básica profunda que es la de sentirnos amados, sentirnos queridos. Queremos y necesitamos que nos traten bien. Y somos muy sensibles en percibir ese buen trato por parte del otro; nos llena de felicidad y gratitud. Y, cuando no nos sentimos bien tratados, sufrimos.
 ¿Cómo sería si la próxima vez que alguien se muestre con nosotros muy enfadado, sentir nuestra ira, hacer STOP y responder con mucha compresión y cariño? ¿Cuál será entonces la reacción del otro? ¿Y, cómo nos sentiremos nosotros?...

Y, ¿cómo nos tratamos nosotros a nosotros mismo cuando sentimos enfado? ¿Somos capaces de abrazarnos, de hablarnos con cariño y de contenernos aún cuando no hay nadie  haciéndolo por nosotros? 

El hecho de darse cariño a uno mismo cuando estamos sufriendo, se llama autocompasión. Es una habilidad que debemos enseñar a nuestros niños. Deben aprender a cuidar de su sufrimiento, de sus torpezas, de sus errores, de su humanidad imperfecta, con cariño, con ternura (y no con la crítica, el juicio, el castigo... ) sin esperar que sea el otro el que venga a cuidarlos y a repararles la herida. Al principio, debemos ser nosotros, quienes, con mucho cariño, paciencia y comprensión, debemos cuidar de su sufrimiento, para que poco a poco, por imitación, ellos vayan aprendiendo a cuidar de ellos mismos, con la misma delicadeza, cuando están siendo invadidos por una emoción difícil.








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