viernes, 8 de enero de 2016

EMOCIONARIO, LA GRATITUD. 
BASE NEUROCIENTÍFICA Y CÓMO ENSEÑARSELA A NUESTROS NIÑOS A TRAVÉS DE JUEGOS.


La última ilustración del Emocionario es la Gratitud.
Al ver la imagen, Hugo y Eva han destacado la alegría generalizada, las caras contentas, los regalos y las parejas que parecen estar disfrutando juntos.

El Emocionario explica: "La gratitud es el alma de la palabra gracias. Y se multiplica cada vez que eres capaz de ver, en lo cotidiano, un regalo: en la sonrisa de un amigo, en una canción, en la comida... La gratitud te enseña a disfrutar más de la vida. Es la entrada a la felicidad".

¿Somos capaces de ver en lo cotidiano, un regalo? ¿Y nuestros niños? 
O, más bien, ¿tendemos a ver lo negativo o lo que nos falta?

Un anciano indio instruye a su nieto sobre la vida y le dice: "Dentro de mí hay una lucha tremenda entre dos lobos. Uno de ellos siempre da problemas. Muchas veces es antipático, se enfada enseguida, es impaciente, celoso y codicioso. El otro lobo es bueno. Tiene sentido del humor, acepta las situaciones tal y como se presentan, es alegre, le gusta ver lo bueno que hay en los demás y nunca te critica".
El nieto, curioso, le pregunta al abuelo: "¿Y cuál de los dos lobos gana?". 
El anciano sonríe y responde: "Aquel al yo más alimente".







 
¿A qué lobo alimentamos más en el día a día? ¿Al lobo de la queja y de la insatisfacción? o ¿al lobo alegre, que busca el lado positivo y es agradecido?
Aquello que alimentas crece, aquello a lo que no le prestas atención se consume por sí mismo. Alimentar las cosas buenas hace maravillas y está relacionado con el grado de felicidad.
Generalmente pensamos mucho más en las cosas que han salido mal o negativas que en las cosas buenas. Éstas se ven nubladas por lo negativo del día. Debemos practicar lo contrario: re-educar nuestra atención y enfocar nuestra mente en lo positivo, en lo bueno de lo cotidiano, incluso en las oportunidades que traen los problemas.
¡¡Es única y exclusivamente nuestra responsabilidad!!
La suerte, es que esta habilidad de ser agradecido y de ver, en lo cotidiano, un regalo, se puede aprender y convertir en un hábito. Pero, como todo hábito, al principio supone un esfuerzo, no sale espontáneo. Hay que practicar con paciencia, perseverancia y mucha autocompasión.

Un poco de Neurociencia....
1. Gracias a la neuroplasticidad, a medida que repetimos una conducta o una forma de pensar o de ver la vida, la conexión entre las neuronas que llevan esta información se refuerza y de esta forma ese caminito cerebral se hace cada vez más gordo y fuerte hasta que se convierte en un hábito. Este camino se convierte entonces en el camino que el cerebro activa más fácilmente y mas rápidamente ante un mínimo estímulo, dejando así, poco a poco, de activar el antiguo camino de la queja y de la visión negativa de las cosas. Y, de repente, como por arte de magia, nuestra manera de ver y de interpretar la vida CAMBIA!! Y, nos enfocamos, de forma espontáneo en lo bueno, lo positivo.
Pero, no es magia, ¡es neurociencia y fuerza de voluntad! 


Comparto un link de un vídeo muy cortito de you tube donde explican de manera muy sencilla todo este concepto de neuroplasticidad y creación o desaparición de caminitos o redes neuronales: 
Neuroplasticity

Y si esto, se lo enseñamos a nuestros niños desde pequeños, irán así creando redes neuronales enfocadas a lo positivo, y, para ellos ya no supondrá ningún esfuerzo, sino que será algo innato y espontáneo!! ¡VAYA REGALO PARA ELLOS! ¿no?


2. "Dopaminizar nuestro cerebro":
Los neurocientíficos han descubierto que la gratitud produce un aumento de un neurotransmisor en el cerebro, llamado dopamina. La cantidad de dopamina que están produciendo nuestras neuronas tiene una relación directa con los estados emocionales positivos y placenteros. Esta es la razón por la que las personas agradecidas muestran unos niveles de felicidad más altos que la media.
En una entrevista realizada a Michael Gazzaniga, padre de la neurociencia cognitiva, éste decía: "Usted se va a la cama perfectamente feliz, pero se levanta hecha polvo y entonces se dice: "¡Ah!, es que no me apetece ir a trabajar" o "es que mi pareja no me ha dado los buenos días".... En realidad, lo que ha pasado es que ha cambiado su nivel de dopamina". 
Dopaminizar nuestro cerebro sólo depende de nosotros mismos y de cómo "miremos" o interpretemos la vida. En ningún caso depende de las circunstancias externas. ¡Qué poderosos somos!
Estoy convencida que la poción mágica de Panorámix (Asterix y Obelix) debía llevar una buena dosis de dopamina!! jajajaja.




¿Cómo enseñar esta habilidad a nuestros niños tanto en casa como en el cole?
1. El juego de la Tarjeta Roja:
Cada vez que cualquiera de la familia se queja por algo o ve el lado negativo, le sacamos tarjeta roja y entonces tiene que decir 3 cosas buenas de aquello por lo que se ha quejado.

Este juego surgió un día, en que para el almuerzo, preparé para Hugo y Eva un plátano y un actimel con pajita.
Y Hugo dijo: "Actimel, ¡¡otra vez, no!!"
Y Eva dijo " ¡Bien! Así podremos tomar el colacao del desayuno con pajita!"
¡¡Bravo, Eva, eso es ver el  lado positivo de las cosas!!
Y a raíz de esta experiencia, sacamos tarjeta roja cada vez que uno de nosotros se queja.... Hoy mismo, al decirles que mañana empezaban el cole, Hugo ha gritado "¡Nooo! Cole nooo!!" TARJETA ROJA.... Y entonces ha dicho: "1. Mañana vamos a llevar un juguete nuevo y se lo vamos a enseñar a los amigos. 2. Es un día y luego llega el fin de semana. 3. Me gusta el Roscón". Jajajaja, éste último no tiene nada que ver, pero es positivo y nos ha sacado una buena carcajada!!!

Este juego permite ir cambiando una visión y un lenguaje negativo por un auto diálogo más positivo y de gratitud.

2. El juego de agradecer antes de dormir (en el colegio, podría ser: agradecer antes de irse a casa o por la mañana al llegar al cole):
Cuando Hugo y Eva se van a la cama, siempre nos preguntamos qué cosas nos han gustado del día o a qué cosas estamos agradecidos. Este juego nos permite ejercer nuestra memoria al recordar los diferentes sucesos del día y nos permite ensalzar las cosas buenas del día, convirtiendo, en muchas ocasiones, lo cotidiano en algo especial (un abrazo, una sonrisa, una broma, una comida....) ya que no todos los días ocurren cosas excepcionales pero sí todos los días ocurren cosas que nos hacen bien.
Este juego está basado en un ejercicio clásico de la psicología positiva, desarrollado por el psicólogo Martín Seligman, llamado "Las tres cosas buenas". Consiste en hacer una reflexión al final del día, recordando y agradeciendo las 3 cosas positivas que nos hayan pasado. Está comprobado que si se practica con regularidad, ejercitando así el positivismo en nuestra mente, mejora nuestro estado de ánimo.

3. El juego de "Buena suerte, Mala suerte, ¿Quién sabe?"
Este juego se basa en  un cuento que este verano les conté a Eva y Hugo. Al principio, les costó un poco entenderlo pero fueron ellos mismos los que iniciaron el juego.
En un momento dado, yo dije: "Vaya, ¡qué mala suerte!" y uno de ellos gritó: "Sabes mami, buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?".
¡Me dejó de piedra! Pero, tenía razón...
Desde entonces lo usamos muchísimo!!!

El cuento dice así:
En una aldea vivía un granjero muy sabio que compartía una pequeña casa con su hijo. Un buen día, al ir al establo a dar de comer al único caballo que tenían, el chico descubrió que se había escapado. La noticia corrió por todo el pueblo. Tanto es así, que los habitantes enseguida acudieron a ver al granjero. Y con el rostro triste y apenado, le dijeron: "¡Qué mala suerte habéis tenido, para un caballo que poseíais y se os ha marchado!". Y el hombre, sin perder la compostura, simplemente respondió: "Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?".
Unos días después, el hijo del granjero se quedó sorprendido al ver a dos caballos pastando enfrente de la puerta del establo. Por lo visto, el animal había regresado en compañía de otro, de aspecto fiero y salvaje. Cuando los vecinos se enteraron de lo que había sucedido, no tardaron demasiado en volver a la casa del granjero. Sonrientes y contentos, le comentaron: "¡Qué buena suerte habéis tenido. No solo habéis recuperado a vuestro caballo, sino que ahora, además, poseéis uno nuevo!". Y el hombre, tranquilo y sereno, les contestó: "Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?".
Solo 24 horas más tarde, padre e hijo salieron a cabalgar juntos. De pronto, el caballo de aspecto fiero y salvaje empezó a dar saltos, provocando que el chaval se cayera al suelo. Y lo hizo de tal manera que se rompió las dos piernas. Al enterarse del incidente, la gente del pueblo fue corriendo a visitar al granjero. Y una vez en su casa, de nuevo con el rostro triste y apenado, le dijeron: "¡Qué mala suerte habéis tenido. El nuevo caballo está gafado y maldito. Pobrecillo tu hijo, que no va a poder caminar durante unos cuantos meses!". Y el hombre, sin perder la compostura, volvió a responderles: "Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?".
Tres semanas después, el país entró en guerra. Y todos los jóvenes de la aldea fueron obligados a alistarse. Todos, salvo el hijo del granjero, que al haberse roto las dos piernas debía permanecer reposando en cama. Por este motivo, los habitantes del pueblo acudieron en masa a casa del granjero, y, una vez más le dijeron: "¡Qué buena suerte habéis tenido. Si no se os hubiera escapado vuestro caballo, no habríais encontrado al otro caballo salvaje, tu hijo ahora no estaría herido. Es increíble lo afortunados que sois. Al haberse roto las dos piernas, tu muchacho se ha librado de ir a la guerra!". Y el hombre, completamente tranquilo y sereno, les contestó: "Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?".

4. Cuento: El Ladrón de Estrellas de Begoña Ibarrola. 
"Jaime en tu corazón, hay millones de estrellas, no necesitas venir al cielo a robarlas. Cada vez que sonríes, regalas una estrella; cada beso que das, cada palabra cariñosa, cada por favor, cada gesto de amistad, es una estrella que regalas y que hace muy feliz a quien la recibe".

5. Fichas de actividades del Emocionario de la Gratitud para mayores de 8 años




2 comentarios:

  1. Me encanta tu blog y todo lo que aprendo en el, muchísimas gracias!

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario!
      Un abrazo,
      Inés

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